Teletrabajo, la oficina a distancia

La pandemia de COVID-19 en curso cambió de inmediato nuestro modo de desarrollo profesional a distancia, el teletrabajo, el cuándo, dónde y cómo trabajamos, a medida que comprendemos más sobre el nuevo coronavirus, se hace cada vez más claro que nuestras oficinas, nuestras estrategias de viaje más comunes e incluso nuestros ascensores pueden contribuir a la propagación de esta enfermedad mortal.

Pero proteger a las personas de los estragos de COVID mientras se procesan facturas y se realizan reuniones es un equilibrio complicado, y apenas estamos comenzando a llevar a cabo.

La jornada laboral típica estadounidense ya es radicalmente diferente de lo que era en febrero: el porcentaje de empleados en los EE. UU. Que trabajan de forma remota a tiempo completo se disparó de solo el 5.2 por ciento antes de la pandemia a aproximadamente el 50 por ciento en su punto máximo en mayo. En casa, los trabajadores hacen malabares con los plazos, los niños, las mascotas y el estrés de un evento de víctimas masivas. Han renunciado a los viajes diarios al trabajo y a las salas de conferencias para protegerse mutuamente.

Holanda era el país de la UE con más teletrabajadores a finales de 2019: cuatro de cada diez empleados operaban a distancia de manera regular. Como pone de manifiesto un informe de la firma PKF Attest, este liderazgo ha sido posible, entre otras cosas, gracias a una ley pionera que, desde 2016, concede al trabajador el derecho a solicitar una jornada flexible que incluye el teletrabajo.

En teoría, en este punto la legislación holandesa no difiere demasiado de la española (que también prevé la jornada a la carta). Pero en la práctica hay una gran diferencia: las partes pueden acordar un sistema de trabajo por objetivos sin fichajes ni horarios. “Es una opción basada en la confianza mutua que tiene muy difícil encaje en España, donde todavía existe una fuerte cultura del presentismo. Sería una fuente de conflictos”, asegura Maite Martínez, abogada del área laboral de PKF Attest.

Casi la mitad de los 30 millones de empleados del Reino Unido han trabajado desde casa durante la pandemia, según el organismo de estadísticas del país, con 9 millones adicionales colocados en el esquema de licencia del país. Fueron enviados allí por el gobierno, que ordenó el cierre de los lugares de trabajo cuando el virus comenzó a propagarse. Pero ahora, a pesar del aumento de casos y el creciente deseo público de acuerdos laborales flexibles, el gobierno quiere desesperadamente que los empleados regresen a las oficinas.

En Chile la situación no es distinta. En el trimestre móvil mayo-julio la tasa de desocupación nacional llegó a 13,1%, contabilizando más de un millón de personas sin trabajo y el desempleo más alto en una década. De acuerdo a la encuesta “Clase Media, Teletrabajo y Salud en el Chile Post–Coronavirus” realizada por la compañía de seguros MetLife y Criteria el 42% de los consultados cree que el teletrabajo es mejor que el trabajo presencial, versus un 20% que lo describe como peor.

Entre las razones de la preferencia está el poder destinar más tiempo a la familia, poder flexibilizar mejor los horarios laborales y gastar menos dinero. Pero el teletrabajo también provoca diversos malestares. Los encuestados opinaron que tanto la ansiedad, como el insomnio y el estrés han aumentado desde que están en esta modalidad de empleo.

Pero teletrabajar no es solo como quedarse en casa y pensar que por el mismo hecho el trabajo se va a tomar de forma las liviana, al contrario. Además de los numerosos retos a nivel técnico y de organización a los que deben hacer frente tanto los gestores como los operarios, para cada persona a nivel individual el teletrabajo es un reto: supone un cierto grado de aislamiento social y, por el hecho de estar en casa, fuera del entorno laboral habitual, es necesario un alto grado de autodisciplina si se quiere trabajar con eficacia y evitar perder el tiempo.

Sin embargo, el teletrabajo también ofrece numerosas ventajas, por ejemplo se ahorran incómodos desplazamientos, sobre todo en las grandes ciudades. Esto supone, no solo ganar más horas disponibles en el día, sino que también tiene un efecto colateral muy beneficioso: se reduce la contaminación y la emisión de gases con efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. Además, si se consigue ser disciplinado, el tiempo cunde mucho más cuando se teletrabaja, pues se evitan interrupciones constantes y otras distracciones. Y, por supuesto, el teletrabajo ofrece una oportunidad única para flexibilizar los horarios y adecuarlos a la situación personal y familiar de cada uno.

Fuente

Lino Cisterna

CEO&Founder RevistaProware.com Aficionado a las Ciencias & Tecnologías, Física Teórica, (G)Astronomía, Sociología, Psicología, Teorías de Tecnologías (AAT).

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